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viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Qué hacer con aquello que hicieron de nosotros?

A Diego


Desde que vi el nuevo tema para el carnaval de blogs de Tarkus Kids, y tal vez desde antes, esta pregunta me acompaña, me ronda, la encuentro en los lugares más insospechados.

Somos hijos de un momento familiar, de una historia social, política, económica y religiosa; de un contexto, un país. Hijos de los sueños que nuestros padres dibujaban durante nuestra niñez y de los miedos que los asaltaron. Hijos de los abrazos, mimos, te amos, que recibimos y desafortunadamente también de los basta ya, no molestes, no me hagas enfadar, estate quieto; cuando no de los gritos, golpes, abusos y maltratos.

Así somos nosotros, un cúmulo no solo de aquello que vivimos sino de aquello que quienes nos precedieron vivieron. Nuestras creencias y prácticas  son nuestras en tanto que las repetimos, pero la mayoría de las veces no fueron creadas por nosotros, su construcción, su origen puede incluso perderse en el tiempo de un linaje y una sociedad

Hemos aprendido a ser a veces en medio de la mayor adversidad (el desamor y la indiferencia), porque así aprendieron nuestros padres, nuestros abuelos y quien sabe cuantas generaciones hacia atrás. Muchos hemos aprendido la generosidad, el contacto, la entrega, el cuidado a través de cartillas, discursos, imágenes para colorear. Por suerte para todos existe por lo menos una, una pequeña experiencia de amor y cuidado a la que podemos aferrarnos con pasión infinita.

Hemos crecido en la cultura del no sentir, no preguntar, no necesitar amor y contacto. Y así con todo lo mejor y lo no tan bueno que hemos recibido vamos construyendo un personaje, una defensa que no tiene otra función que sobrevivir y adaptarse a esta sociedad, donde además converge lo nuestro, pero también lo de nuestros padres, abuelos y seguimos contando…

Hasta aquí todo se mueve dentro de los parámetros acordados y conocidos, dentro de las reglas que hemos ido construyendo como sociedad y que hemos aceptado sin más, tal vez porque una de las frases que más escuchamos y decimos a los niños es; así es la vida, que le vamos a hacer!.Lo que es igual a decirle: no  pienses que total otros ya lo hicieron por ti y mira que bien les ha salido y tampoco te pongas a cambiarlo que para esfuerzos los justos; pero eso es tema aparte…

Años de esfuerzo nos ha llevado “controlar” nuestra vida y acallar nuestra voz interna hasta que de golpe, porque planeado o no, deseado o no, la maternidad y la paternidad se concretan de un momento para otro, la corporeidad de ese hecho aparece en un instante llenándolo todo con sus pasmosa presencia. Así que de golpe nos encontramos cara a cara con una vida que depende de nosotros, que reclama y merece lo mejor de nosotros. Y el personaje que hasta entonces hemos creado para sobrevivir empieza a desmoronarse, entra en crisis, porque esta pequeña y potente existencia no entiende (gracias a la vida!) de normas, acatamientos, obediencias debidas y poder por "edad, dignidad y gobierno". Esta pequeña y potente existencia solo entiende de amor o abandono y lo entiende en lo concreto, no en el terreno del discurso que todo lo aguanta, el de lo abstracto que construye imperios en arenas movedizas.

Así que aquí estamos con todas las defensas armadas, todos los guiones ensayados y todas las acciones aprendidas frente al mayor "adversario" (gracias hija por llegar a mi vida) que jamás podrá encontrar nuestro modelo de desamor y abandono, nuestras creencias de ganar y perder. Este increíble adversario capaz de romper todos nuestros esquemas y creencias, con hambre de amor y contacto sin excusas.

Y podemos elegir, siempre podemos elegir, aún en las peores circunstancias ese es nuestro derecho, podemos decidir reforzar nuestra armadura, redoblar nuestras defensas, anquilosar aún más nuestros paradigmas y perpetuar así este linaje desamorado y desamparado o podemos rendirnos ante al amor y sus demandas y deshacer el camino de regreso a casa, allí donde nos gestamos y construimos como seres. Porque tal vez la única forma de no convertirnos en los monstruos que aterroricen las noches de nuestros hijos es hacerle frente a nuestras propias pesadillas y amarguras. Es saber que ya no somos ese niño que fuimos adolorido y amedrentado, que ahora contamos con recursos y fortalezas, ahora sabemos además el secreto más grande: a pesar de todo sobrevivimos, a pesar de todo aprendimos a reír, a amar. Ahora ya no somos como aquel que fuimos, aunque sigamos pensando y actuando igual, ahora podemos transformarnos también para nosotros mismos en el adulto amoroso y valiente que cuida de ese niño interno.

No es fácil andar entre tinieblas, nunca lo es. Y siempre seguiremos dando la batalla, tratando de prevalecer frente a ese otro, que cosa curiosa es también lo más amado, pero creemos nos roba la vida.

Son años y siglos de construcciones basadas en el miedo, el abandono, la dualidad. Años de férreo entrenamiento que nos acompañan diariamente aún cuando nos prometemos mirándonos y mirándolos (a nuestros hijos) a los ojos que vamos a hacerlo distinto, que vamos a seguir desaprendiendo y resignificando.

Cada uno encuentra su propio camino para desenmarañar el nudo que nos atenaza, y menos mal es así porque a este mundo lo trae de cabeza las recetas homogenizantes y “milagrosas”. Lo importante creo yo, es emprender esa aventura sin importar la edad de nuestros hijos, ellos siempre serán los pequeños y nuestro camino siempre repercutirá en ellos.

Sin más vueltas, me atrevo a afirmar, que el impedimento más grande que tenemos para criar a nuestros hijos de la forma que soñamos y queremos, somos nosotros mismos. Nuestro personaje es lo que más separa a los padres que somos de aquello que queremos ser. Más que la familia o el entorno social y político el verdadero ambiente adverso es el que habita en nosotros, ese es el caldo de cultivo para repetir historias. Y no se trata de seguir añadiendo “deberes ser”, ni imposiciones dogmáticas e inflexibles, se trata de reencontrarnos con nuestra profunda humanidad esa que se conmueve y apasiona con la vida y sobre todo con ese raudal de amor que nos ha hecho sobrevivir como especie.

Una paternidad/ maternidad consciente, creo yo, pasa por el hecho de  hacernos conscientes (valga la redundancia) y responsables del niño adolorido que llevamos dentro, de encontrar preguntas a las respuestas que nos dieron y de hacernos cargo de aquello que hicieron de nosotros, para sanarlo y engrandecerlo, porque además a estas alturas no somos víctimas, somos responsables.

La buena noticia: “todo tiempo es tiempo para cambiar lo tiempos”  (Nelson Osorio Marín, mi papá)

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Marcar la diferencia

jueves, 11 de noviembre de 2010

Lo siento hija...

No voy a pedirte disculpas, porque no voy a ponerte en la obligación de perdonarme.

Solo quiero que sepas que lo siento, por todas aquellas veces en las que me miraste buscando amor y mis ojos no supieron entregártelo, porque el amor siempre está ahí. Soy yo con mis años de aprendizaje y corazas, mis heridas y carencias, soy yo la que aún no termina de entender que un segundo de amor puede disolver y prevenir años de dolor y enojo, soy yo la que aún no comprende la fuerza de la fragilidad y va por la vida con la armadura puesta.

Lo siento hija, por todas aquellas veces que te he hecho sentir que tu eras el problema, cuando he sido yo, he sido siempre yo, con mis miedos, mis vacíos, mi mundo adulto y sus mezquindades. Yo con mi historia vivida, mis "verdades" aprendidas, mis defensas construidas. Soy yo hija, con mi paradigma viejo y obsoleto donde solo es posible ganar o perder. Yo que sigo creyendo a veces que tener la razón vale más que generar el encuentro.

Lo siento por todas las veces en que no he sabido transitar mis límites e impaciencias y la escena ha terminado en grito, cuando además es tan fácil subirse a lomos de tus sueños e irme por un rato a vivir en otro cuento.

Por todos los momentos en los que en vez de un juego puse un ¡ahora no! Por marcarte límites donde debería haber un mundo por explorar y descubrir, un asombroso universo donde reinventarnos y reinventar el mundo. Por creer a veces que contención y seguridad es igual a comodidad personal

Por las horribles veces en las que he puesto lágrimas en tus ojos en vez de risas en tus labios.

Lo siento por encerrarme en mi mundo, con mis afanes de protagonismo, mis miedos de abandono, mis egoísmos y yoísmos; cuando el tuyo es el nuevo, el inclusivo que me invita a crear y descubrir.

Por todas las veces que he impuesto sobre ti mis expectativas y sueños. Soy yo que aún arrastro sueños incumplidos, mis “podría haber sido” y no me hago cargo de mis anhelos profundos.

Hija, llegaste a mi con toda la fuerza de la vida nueva que se abre paso sin pedir permiso, rompiendo todos mis esquemas y desmontando mis cimientos y yo aún a veces siento vértigo al cambio, miedo a saltar en tu revolucionario universo.

Este mundo lo camino desde hace algunos años más que tú y desafortunadamente las heridas y tristezas todavía se me agolpan en la garganta, los ojos, los brazos y el corazón. Y lo que es peor, las creencias heredadas, las verdades acatadas aún me impiden ver lo obvio de tu vida y el mundo que con tu amor y presencia propones construir.

No soy culpable ni tampoco víctima de nada de esto, solo responsable y es desde ahí, con todo lo bueno y lo no tan bueno que hay en mi, desde donde te digo: lo siento hija, sigo aprendiendo.


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Siembras papas, crecen papas

martes, 9 de noviembre de 2010

Cuando los hijos son motor

A mi mamá quien siempre me ha dicho "tú me abriste el camino"

Habitualmente  escucho " ¡no puedo por mis hijos!" (desde que xxxx nació ya no puedo, no alcanzo, no llego…) o lo que es peor “mi hijo no me deja”. Hemos normalizado el hecho de ver y hablar de  nuestros hijos y nuestra maternidad como un impedimento, una limitación, un problema. A mí sin ir más lejos a veces me miran como a una pobre y sacrificada mujer (cuando no tonta y retrógrada) y me preguntan con cierto dejo de lástima y preocupación ¿qué estás haciendo con tu vida? Parece como si mi vida estuviera estancada, anulada, terminada, solo por el hecho de no estar inserta en el mundo laboral y productivo de manera formal, la conclusión final a la que suelen llegar mis interlocutores en estos casos, es que no estoy haciendo nada, no soy útil a la sociedad.... porque lo único que hago es criar a un ser humano! mi humilde contribución.

Hemos creado una sociedad donde el eje somos los adultos, donde lo importante es producir y consumir, donde vales en la medida que tienes y donde la niñez es un mal necesario, en el mejor de los casos una etapa para condicionarlos y educarlos a ser, hacer y tener lo que esperamos de ellos. Pocas son las miradas que hablan sobre lo que ellos necesitan o esperan de nosotros,  que digo yo sería lo lógico

A veces parece que estamos esperando que nuestros hijos crezcan, que dejen de ser niños rápidamente y se conviertan en adultos productivos e independientes para volver a la normalidad de nuestras vidas, para volver a tener el control. La crianza, los primeros años de nuestros hijos son como esa etapa oscura y fastidiosa de la que hay que salir lo antes posible (mejor tenlos seguiditos así pasas por eso rápido, una vez vayan al colegio respirarás más tranquila) desde esa creencia no tiene que extrañarnos que estemos delegando la crianza de nuestros hijos y a veces también los vínculos de amor y apego en terceros, ya sea el jardín, la escuela, la niñera, etc.

Ojo! No pienso, ni creo, ni quiero que nuestras vidas se detengan cuando llegan los hijos y nos pasemos las horas muertas contemplándolos. Pero tampoco que generemos “contenedores” de niños para que no estorben, o que incluirlos en nuestras vidas sea sinónimo de imposibilidad y limitación. Pienso que la mejor forma de construir sociedad es en comunidad y esa comunidad nos incluye a todos, al planeta también.

Mientras sigamos excluyendo, seguiremos generando sociedades y relaciones basadas en el poder, la discriminación, la competencia y la existencia de jerarquías, porque siempre existirán  “los importantes” y los que deben replegarse, los que lo saben todo y los que tienen que aprender según les dicen, los que dictan y los que acatan. Decirle a un niño, con palabras y sobre todo con nuestros actos que sus necesidades no serán atendidas ni tenidas en cuenta si se contraponen a las nuestras o que sus deseos son válidos en la medida que respondan a los nuestros es enseñarles que el mundo y las relaciones se tratan de ganar o perder y de “sálvese quien pueda” y ese desafortunadamente es el mensaje imperante que les estamos dando no solo como padres sino como sociedad.

Hemos invisibilizado a los niños, hemos cerrado ojos y oídos a sus pedidos, a lo evidente de sus necesidades, porque para sostener esta sociedad que hemos creado es indispensable generar seres carentes de voz y voto (además de amor, mirada y contención) que cuando crezcan encuentren en la acumulación, la competitividad y el consumo una respuesta a la falta de vínculo primario. Lo que sería realmente revolucionario es una sociedad que apoye e incluya al niño como ser completo y no como sujeto por hacer; que lo mire con respeto, amor y lo nutra en los años decisivos de su existencia.

Sin embargo, los niños abren caminos, no en vano vienen al mundo a través de un canal que antes estuvo cerrado, no por nada entran a la vida abriéndose paso con decisión y fuerza y requieren de nosotras apertura y de nosotros (padres y madres) entrega y sostén. Si nos conectamos con ellos, con esa vida que late y de la que ahora somos responsables el mundo nunca volverá a ser el mismo! Y no queda otra que cuestionar las cosas, sanar heridas, encontrar una nueva visión y alternativas distintas para no repetir historias, para no hacer de ellos aquello que hicieron de nosotros. Al caminar a su lado, acompañándolos en su mundo, vemos las cosas con nuevos ojos, ojos de niños que todo lo preguntan, todo lo cuestionan y de todo se asombran.

Y tal vez tanta maternidad me esté volviendo un poco esquizofrénica, pero empiezo a creer, porque ya lo siento, que junto a ellos se abre la posibilidad de plantearnos  las cosas desde una triple mirada, aquellos que fuimos, aquellos que somos y aquellos que ven y escuchan a sus hijos y por ende  reciben una nueva lectura de la realidad. Eso a mi juicio da lucidez y amplía el nivel de conciencia.

Me atrevo a soñar y a vivir la maternidad como un estado creativo y de inspiración, un motor que me impulsa a revisarme y revisar el mundo que me rodea. Es impresionante la cantidad de cosas que antes pasaba, validaba, normalizaba y que ahora son inaceptables, tanto en mis prácticas como en lo que el mundo trae. Tantas cosas que di por sentadas y de las que ahora me niego a ser cómplice. La maternidad a mi, me ha sacado de la zona de confort, de ese lugar de “piensen por mi”, “no vale la pena luchar”, “si siempre se ha hecho así…”

Y esta no es solo mi experiencia y la de Guido, cada vez nos llegan más noticias e historias de mujeres y hombres que han asumido el reto de criar y no solo de tener de un hijo, aquellos que han encontrado preguntas a las respuestas que la sociedad les ha dado, es más que se han atrevido a cuestionarse sus propias certezas. Rebeldes cotidianos que han ido encontrado en la relación con sus hijos un modelo de interacción y no de intervención y que han optado por hacer de la bandera más revolucionaria, el amor y el respeto, una forma de vida y aprendizaje.

Ahora yo me pregunto, ¿qué pasaría si asumimos así no solo individualmente a nuestros hijos, sino como sociedad a todos nuestros niños, si entendemos que este mundo más que el legado de nuestros padres es el derecho y patrimonio de nuestros hijos, que más que conservar la tradición se trata caminar de la mano con el futuro?


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sábado, 6 de noviembre de 2010

Marcar la diferencia





Ayer leí este maravilloso artículo, Cumpliendo Sueños de Sonsoles de Respetar para Educar  (una página imprescindible)  y llevo con el dando vueltas, acompañándome desde ese momento, como una vocecita que me susurra, me hace recordar y reflexionar...

Yo fui una niña “anormal”, nacida en una familia muy poco convencional, en un entorno  más que diferente, en un país de realismo mágico. Mi padre fue un hombre coherente, mi madre aún lo es, muy coherentes,  creo que solo en una cosa hicieron oídos sordos a su coherencia y con ello me pusieron en el lugar de no encajar; la elección del colegio, un colegio normal con todos los artilugios de la educación tradicional! Estoy segura, ahora que miro hacia atrás que esa decisión la tomaron cada uno desde su niño interno, desde aquel que cada uno fue, dolido de ser el diferente, sobrepasados por nadar siempre a contra corriente, con las burlas y críticas que recibieron rondándole en los oídos. Fue una decisión desde esos niños que fueron y no desde los adultos que eran, que sobrevivieron eso y se hicieron grandes en su diferencia.

Lo cierto es que yo quede atrapada entre la “anormalidad” (léase libertad y respeto) de mi familia y la “normalidad” (léase represión y uniformidad) de mi desafortunado segundo hogar. Con otro sistema escolar y otra realidad social eso podría haber sido más llevadero, pero tal y como están pensados eso ámbitos en el país en que nací y crecí el segundo hogar tiene la fuerza (a fuerza de horas de presencia y realidad impuesta) de erigirse en un todo poderoso condicionante, un referente vital en la construcción del yo y el mundo circundante. No nos digamos mentira, cuando vas al colegio 8 horas por día, esa realidad artificial y alterna se transforma en la más potente e indiscutible verdad.

Con lo cual crecí con la sensación de no encajar, de no pertenecer, de ser mala o tener algo erróneo y equivocado en mí. Con todo el dolor, por la niña que fui, por mis padres y los niños que fueron,  puedo decir que ellos desde su miedo repitieron conmigo la historia. Afortunadamente nunca dejé de tener padres “anormales” y de ser una niña “anormal” y hoy puedo cuestionar la "normalidad" de esta sociedad, que para mi no es más que otra forma de promover la esclavitud a un sistema que carece de amor, alegría, sueños cumplidos, autonomía y creatividad.

No creo que exista eso de ser "normal", es una mentira que se han inventado y nos hemos creído para poder  mantenernos como civilización en los límites de lo deseable y esperable, es una invención más de la necesidad de masificar deseos, sueños, expectativas y necesidades, así seguimos controlables y controlados y se mantiene el status quo, ese que genera ansia de poder, control y acumulación.

Frente a la crianza y la educación, que es lo que aquí nos compete, nos venden la “normalidad” como algo conveniente a nuestros intereses de adultos: con niños “normales” siempre puedes continuar con tus importantes actividades adultas, con tu correr detrás del sueño imposible que conseguirás después de la última compra, adquisición, premio o reconocimiento, que por supuesto te dejará con hambre de la siguiente compra, adquisición, premio o reconocimiento. En realidad de lo que tenemos es hambre de ser reconocidos y amados por quienes realmente somos, hambre de ser únicos y diferentes, así como lo fuimos antes de someternos.

Supongo que sobra decirlo, pero no conozco a nadie "normal", conozco gente ( y me conozco) que a fuerza de desamor, manipulación, presión, premios y castigos encaja más o menos en el molde pre-establecido. En realidad conozco distintos niveles de prisión.

No hay nada más antinatural que lo que se espera "normal" cuando eres niño (no toques, no te muevas, no hables, ahora no, espera, compórtate, siéntate bien) con ese molde no hay niño normal posible, hay niños y por ende adultos coartados y mutilados. ¿Por qué cómo niños nos adaptamos y normalizamos? Porque sentimos peligrar nuestra supervivencia  (creo que los seres humanos nos nutrimos de amor, calor, contención, respeto y entre más chicos mas imperiosa esa necesidad) con lo cual aceptamos el molde a cambio de amor (amor manipulado, pero amor) y porque, además esta sociedad está tan loca que a los niños les importa más la felicidad de los adultos y están dispuestos a entregar más a cambio de ella que lo que nosotros somos capaces de dar por ellos. ¿Irónico no?, Nosotros les damos la vida y luego se las exigimos, exigiéndoles la “normalidad” al servicio de nuestra felicidad. Robamos su vida al decirles qué, cómo y cuándo ser, al poner sobre ellos etiquetas y reglas “anormales” para hacerlos “normales” (funcionales y desconectados).

Lo que he ido entendiendo con el tiempo es que ser "anormal" no es difícil per se, el problema es crecer en entornos que premian la uniformidad y aíslan lo diferente, por eso una de mis grandes responsabilidades con Kyara es generar para ella un entorno respetuoso y enamorado de su “anormalidad”, tendiente a escuchar sus necesidades y deseos, a mirarla como única e irrepetible, dispuesto a decirle ¡tú puedes!, ¡yo creo en ti! y a exigirle que no acate, que no se acomode, que no sea lo que esperamos de ella. Y eso empieza por despertar y fortalecer mi propia “anormalidad” por re-encontrarme con aquella niña “anormal” tomarla de la mano y mirándola a los ojos decirle: sobrevivirás, te harás fuerte y serás feliz.

Criar en la diferencia, desde la mía y propiciando la suya, es también criar para aceptar la diferencia del otro, es apostarle a la rebeldía de ser distintos, de construir una sociedad donde quepamos todos y donde el punto de unión sea el respeto por la vida, la alegría de vivir y el amor por el hecho de existir.

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martes, 2 de noviembre de 2010

Siembras papas, crecen papas




Es ya bien sabido, documentado, estudiado y sobre todo vivido que la violencia genera violencia, que el fin no justifica los medios, que sobre los abusos, la sangre derramada, el sonido de la metralleta, el estallido de las bombas, la injusticia, la exclusión y la discriminación no podemos construir de la noche a la mañana y sin procesos de reconciliación y reparación un mundo en paz.

Se necesita tiempo, tiempo y amor para que las víctimas dejen de serlo más allá del cese de la violencia,  para que dejen de mirarse así mismas como oprimidas y vencidas y sobre todo para que puedan re-significar su historia, sus vivencias y sobre todo su presente; el miedo, las heridas, el rencor calan hondo, muy hondo y tienen raíces muy profundas e implicaciones insospechadas.

Creo que a esta altura vamos entendiendo individualmente y un poco más lentamente como sociedad que no es posible asesinar en nombre de la paz y el amor, que nada justifica la violencia ni siquiera el mundo rosa y maravilloso que construiremos una vez vencedores. Porque la violencia, no importa su razón, ni meta alimenta la lógica víctima-victimario donde todos perdemos! 

La pregunta es, si esto lo entendemos a nivel macro ¿cómo es que seguimos esperando que de un niño maltratado, violentado, abusado, ignorado y abandonado surja un ser humano amoroso, creativo, autónomo, responsable, generoso… de eso solo puede surgir un “hombre de bien” o lo que es igual un autómata de esta sociedad violenta y consumista. Cómo es posible que sigamos defendiendo prácticas tan absurdas como dejarlos llorar para que no nos tomen el tiempo,  hacerles saber quien manda desde chicos para que de adolescentes no se te escapen de las manos, negarles nuestro amor, calor y atención para que no se vuelvan egoístas y demandantes, dejarlos a merced de sus pesadillas y terrores nocturnos para que desde chicos aprendan el don de no importunar a los “importantes”, partir de la base que son manipuladores y agresivos? Eso sin contar los castigos, golpes, gritos, abusos, manipulaciones y maltratos de todo tipo, que ya son el no va más de la incoherencia (“es por tu bien”, “más tarde me lo agradecerás”, “a mi me duele más que a ti”).

Sin entrar en el terreno de la moral y la ética, imaginemos por un momento que llevamos a cabo un “revolución” donde eliminamos a todos aquellos que ejercen la violencia, a todos los injustos, malvados, egoístas... Una vez hecho esto instauramos un mundo de amor, paz y respeto… suena al imperio del miedo no? Donde acatamos y obedecemos por miedo a desaparecer.

Traslademos esto a nuestros niños, a fuerza de voluntad y violencia desterramos de ellos todo lo que nos parece no deseable y apropiado, ¿qué queda? Un ser humano violento y violentado, victima y victimario.

Realmente me canso de escuchar la gente (y de verme a mi diciendo)  que quiere un mundo mejor y ver como luego maltratan a un niño, porque no es coherente, no es consecuente, es sólo bla, bla, bla. 

Obvio, no somos perfectos, somos hijos de formas de crianza y educación que propician la violencia, la exclusión, el miedo, el autoritarismo… pero si somos capaces en nuestra infinita “bondad” de dedicarle pensamientos y acciones de amor y respeto al resto de la humanidad, por que no empezar por casa, por que no cuestionarnos las prácticas de crianza y las creencias que las sustentan… hasta cuando vamos a seguir pensando que un bebé es malo, egoísta y caprichoso por naturaleza y somos nosotros los adultos “buenos” quienes estamos en la obligación de reconducir y adiestrar su siniestra naturaleza.

Aprendemos lo que es el mundo y lo que podemos esperar de él en función de las vivencias de nuestra infancia, en brazos del amor o el abandono decidimos quienes somos y que merecemos. La pregunta es entonces ¿qué mundo y que visión sobre si mismos queremos legarle a nuestros hijos?

No creo que estemos irremediablemente condenados, siempre es posible tomar conciencia y virar el rumbo, aunque también creo que la fuerza necesaria para hacer esos cambios, para desafiar a nuestro personaje y cuestionar aquello que hicieron de nosotros surge del amor, el respeto y la contención que hemos recibido de niños, por pequeño que este parezca. Porque para creerte merecedor de amor haz tenido que vivirlo aunque sea por un instante

Llenémoslos de besos, juegos, risas, de amor solo por el hecho de ser, de contacto y piel, de alegría por su existencia. Y sobre todo, dejemos de justificar nuestra violencia, nuestros crímenes cotidianos hacia ellos desde el supuesto amor y la necesidad de límites y normas, hagámonos cargo de lo que ese maltrato realmente significa son nuestras limitaciones, impaciencias, carencias y miedos las que ejercen el golpe, el grito, el abuso, la manipulación. Ellos ni lo necesitan, ni lo están pidiendo es nuestro dolor infantil y su necesidad de venganza, nuestro miedo a pensar, cuestionar y salirnos del caminito estipulado lo que nos lleva a repetir la historia.

Queremos paz, criemos desde la paz, no para la paz.

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lunes, 25 de octubre de 2010

No es personal!!


Que a esta alturas  El Mundo en vez de rectificar su “reportaje” (en mi opinión más un anuncio publicitario o una columna de opinión) redoble su apuesta con este nuevo artículo “El cuento de la madre y la vaca lechera es tabú”, habla ya de una falta de conciencia más que importante, además de unos intereses bien manejados y seguramente de carácter económico y de ninguna forma altruistas. Por que el cuento que están hablando a favor de las “pobres madres” que se sienten culpables por no querer dar el pecho o de las "pobres sumisas y abnegadas" que damos el pecho por neomachistas y retrógradas,  no me lo creo ni ahí. Si quieren hablar en nombre de los “débiles” hablen a favor de los bebés, que entre adultos afortunadamente todos hablamos y ya sabemos hacernos escuchar.

Sin embargo tal y como le comenté en un post anterior, me quedo con un sabor amargo y no por la falta de información, la tergiversación, la visión sesgada y claramente interesada (que ya en si es bastante), sino por la polarización que este tipo de “artículos” tiende a generar. Se convierte en una lucha de individualidades y de “buenos” contra “malos”, donde perdemos (valga la pena redundar) los individuos y ganan las estructuras políticas, económicas y sociales. Donde cedemos la lucha por la libertad y por nuestros derechos (lo que incluye el acceso a la información veraz y el acompañamiento necesario para la toma de decisiones responsable) a favor del ego!
Por encima de lo que quieren hacernos creer, ser lactivista no es parte de una oscura intención de construir la Dictadura de la Teta (todas amamantando hasta el destete natural). Es el camino que hemos encontrado muchas madres y familias para manifestar nuestra postura y ejercer nuestro legítimo derecho a elegir sin presiones económicas, sociales y políticas (que las hay y muchas) y a que en el entorno de lo público se hable con veracidad. No es gratuito  para nada, que se generen movimientos de este tipo, porque de historias de mujeres que han sido mal informadas, maltratadas, des-estimuladas o limitadas en su lactancia está lleno el mundo, mi madre es una de ellas. Eso sin hablar de aquellas que son arrestadas por hacerlo o de a las que “amablemente” les piden que se dirijan al baño más cercano para alimentar a su criatura.

Por eso hoy hago eco y apoyo esta maravillosa respuesta publicada en Me indigna que “El Mundo” haga este ataque a la lactancia materna y la comparto aquí:

Señores de El Mundo:
Sabemos que nos leen. Sabemos lo difícil que es criar. Por supuesto, no criticamos a las madres que dan biberón. Ni siquiera nos indigna que nos critiquen por dar pecho. A eso ya estamos más que acostumbradas. 
Lo que sí nos indigna es que “¿profesionales?” de la información tergiversen la realidad descaradamente en contra de la lactancia materna. Que lo hagan desde su posición de poder. Que lo intenten convertir en ideología. Y, sobre todo, que lo planteen como una guerra de mujeres.
No señores, no. La guerra no es entre nosotras. Es contra el sistema. Queremos poder decidir. Unas y otras. Pero para poder hacerlo, necesitamos información veraz, apoyo y respeto. Lo que ustedes no han demostrado todavía. 

lunes, 18 de octubre de 2010

Madre o vaca... o lo que es igual estás conmigo o contra mí

En mi anterior post planteé aquello impulsivo que me vino con la lectura de este artículo.  Ahora me van cayendo más fichas que quiero compartir.

Con este artículo no solo fomentan la desinformación, la parcialidad, los prejuicios y la discriminación, sino que además, y lo que es a mi juicio más peligroso, nos siguen dividiendo, profundizan la dualidad entre los "malos" y los "buenos", en este caso refiriéndose a las madres, pero que tiene efectos en todos los órdenes de la vida y las relaciones y que además es una brecha que es insalvable.

Y yo me pregunto, ¿a quienes creemos que fortalece y conviene esta división? a nosotras, a nuestros hijos seguro que no.

Cuando yo digo que defiendo la Lactancia Materna no se lo digo aquellas madres que han decidido no amantar, se lo digo al estado, a la sociedad que no nos garantiza (ni a mi hija, ni a mi, ni a mi esposo) el acceso a nuestro derecho. Se lo digo a un sistema que me excluye o me discrimina por nuestra elección. Se lo digo también aquellas instituciones que siguiendo fines políticos y económicos  desestimulan, impiden o limitan el acceso a la lactancia a todos aquellos que así lo desean.

No me considero peor o mejor madre en relación a nadie, soy la madre de Kyara y con eso me basta. Yo no elijo en función de ser la mejor sino de aquello que considero es lo mejor para nosotros como familia, teniendo en cuenta no solo nuestra historia y nuestro presente sino el mundo que queremos construir

Es absurdo querer poner bandos donde no los hay, es ridículo que el centro de la discusión sea si nosotros los adultos somos mejores y peores y a ver quien sale con el ego más fortalecido… pero es que nos hemos olvidado de lo más importante? Aquí estamos hablando sobre crianza y por ende de niños  Cada uno tiene que elegir las alternativas que le son más propias para alcanzar un fin (ojo el fin nunca justifica los medios). Toda forma de crianza y educación se sustenta de manera más o menos explícita en una visión sobre el niño y la sociedad. Si en eso estamos de acuerdo (amor, respeto, paz, libertad…) porque entonces no nos unimos alrededor de aquello que verdaderamente nos nuclea, nuestros hijos y nuestra maternidad… ah! Se me olvidaba, porque así no somos funcionales.


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La era de las mujeres que eligimos!


Desde el viernes estuve sin Internet, hoy cuando por fin pude conectarme me encontré con que el domingo el Diario el Mundo de España en su magazine dominical escribió un artículo titulado “La era de las madres vaca”  (de lectura obligatoria). Obvio, también me encontré con todo el debate que afortunadamente este artículo generó y seguro seguirá generando

De entrada sin ir más lejos y sin tomarme mucho tiempo para pensar como quiero manifestar mi indignación me surge compartirles esto:

Hace unos meses en un rapto de emoción y amor por la vida le escribí esto a Kyara
“Hoy, mientras escuchábamos y bailábamos algunas canciones me di cuenta que detrás de nosotros hay tanta gente, tantos hombres y mujeres, entre ellos tus abuelos y abuelas, tus bisabuelos y bisabuelas y toda esa línea, esa estirpe que ya se pierde en la memoria, que han luchado por su libertad y su felicidad de la mejor y de la peor manera, pero que han incluso dado la vida por ello. Y entonces sentí que en nombre de esos hombres y esas mujeres en nombre de sus historias y sus luchas y en nombre también de las vidas de tu padre y la mía tengo que decirte y hasta exigirte: hónralas hija! Hónralas con tu alegría, hónralas  haciendo uso de tu libertad, aunque sientas que es grande o pequeña, aunque creas que otros tienen más y otros tienen menos y no es justo. La lealtad que nos debes hija es tu felicidad y tu libertad, tómalas con fuerza y esgrímelas como una bandera!”

Pues hoy siento que tengo que ser coherente con ese pedido y reclamar el derecho que heredé de la lucha feminista: Elegir libremente, decidir aquello que quiero para mí sin ser por eso tachada, discriminada, excluida. Nuestras abuelas, nuestras madres lucharon por su incorporación e igualdad laboral y académica, pero esas para mi son reivindicaciones circunstanciales, producto de un contexto social,  político y económico determinado. Para mi, la verdadera lucha que dieron y cuya bandera hoy esgrimo es el derecho a decidir! El derecho a que mis decisiones personales y familiares no sean un campo de batalla económico y político, sin  ser respetadas en su necesidad de intimidad

No estoy dispuesta a renunciar a lo que me pide el cuerpo, por animal e irracional que esto sea, mucho menos estoy dispuesta a renunciar a lo que me dicta el amor y la convicción por incómodo y poco funcional que esto sea. Y a quien el cuerpo, el corazón y la convicción le dicten otra cosa ¡FELICITACIONES! Enhorabuena si fue una decisión libre y consciente!

Por otro lado, lo siento, pero no soy una cifra. Mi hija, mi familia, mi vida no son una estadística, mucho menos para apoyar intereses que nos empobrecen comos eres humanos y nos restringen la libertad. Para quien le interese somos una vivencia, una experiencia producto de las decisiones que hemos tomado y construido y desde ahí somos un libro abierto

Y para concluir, si para este diario ser mamá significa dar biberón y ser vaca dar la teta; si ser mamá implica negarnos a mi hija y a mi la teta, entonces si! Soy 100% vaca!


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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Declaración de principios!

He estado pensando mucho en estos días ¿cómo seguir?, ¿sobre qué puede ser la próxima entrada?, aparecieron muchas ideas por supuesto, pero ninguna lograba satisfacerme del todo hasta que decidí hacerle honor al pediatra Carlos González y hacer mi declaración de principios y así dejo clara mi postura al respecto de la naturaleza de los niños y la crianza.

Partamos de la base, soy defensora y practicante de la crianza con apego, no solo porque es lo que me dicta la razón sino, sobre todo porque es lo que mi dicta el corazón, el instinto, las entrañas y el amor y el respeto que le debo a mi hija.

Creo sin lugar a dudas que ella es mucho más sabia que yo en cuanto a sus necesidades (calor, amor, piel, mirada, presencia, teta), así que considero válidas, legítimas y razonables sus demandas. No me manipula, ni me "toma el tiempo", ni es caprichosa, o egoísta ella cómo cualquier bebé, como cualquier niño sabe lo que necesita para crecer y desarrollarse y afortunadamente pide!

Por otra parte, la maternidad y la crianza han representado para mi la posibilidad de replantarme un universos de paradigmas y costumbres, no solo en relación al vínculo padres-hijos, sino referentes al mundo que hemos construido y sobre todo aquel que construyo día a día en el encuentro con mi hija. Valga la pena que decir que estoy convencida que otro mundo es posible y que creo además que ese se construye en el día a día, en las pequeñas revoluciones y rebeldías cotidianas, las cuáles en mi caso se materializan en la crianza.

Durante estos 2 años, 8 meses y 29 días he podido verme a mi misma, a mi "adultez y madurez" con nuevos ojos, tal vez con los ojos que Kyara en su infinita generosidad trajo consigo para mi. He podido viajar a mi niñez y a la raíz de todo aquello que creía seguro, confiable y pre- establecido, he tenido que replantarme desde lo más básico hasta lo más trascendental, aquello en lo que creía y aquello que sentía. En definitiva he asistido al sismo de la vida tal y como la vivía, tal y como la concebía y he vuelto a verme y ver el mundo con ojos de niño.
Estoy convencida que la crianza es la oportunidad perfecta para cuestionarnos la manera como fuimos criados y educados. Y ojalá sea ésta la posibilidad para dejar de lado aquellos paradigmas donde sólo cabe la mirada y necesidad del adulto, donde sobra preguntarse si está bien para el niño, o donde sólo se da la repetición automática de lo aprendido, y perpetuamos clichés como: “así lo hicieron conmigo y no salí tan mal”

Así que si, si me preguntan tengo que decirlo y defenderlo, los niños son generosos, amorosos y les debemos cuidado, mirada, piel, amor, presencia y atención y no, no vienen a robarnos ni nuestro tiempo, ni la vida en pareja, ni el ascenso profesional o laboral, todo lo contrario vienen con la posibilidad de, si nos lanzamos a la aventura, transformarnos y recordarnos el camino a lo esencial y primario.
Les comparto además los párrafos inspiradores que me ayudaron a entender el valor de tomar partido y sentar mi postura

El libro que tiene usted en sus manos no busca el «justo
medio», sino que toma claro partido. Este libro parte de la base
de que los niños son esencialmente buenos, de que sus necesidades
afectivas son importantes y de que los padres les debemos
cariño, respeto y atención. Quienes no estén de acuerdo
con estas premisas, quienes prefieran creer que su hijo es un
«pequeño monstruo» y busquen trucos para meterlo en vereda,
encontrarán (por desgracia, pienso yo) otros muchos libros
más acordes con sus creencias.
Este libro está a favor de los hijos, pero no debe pensarse
por ello que está en contra de los padres, pues precisamente
sólo en la teoría del «niño malo» existe ese enfrentamiento.
Quienes atacan al niño parecen creer que así defienden a los
padres («un horario rígido para que tú tengas libertad, límites
para que no te tome el pelo, disciplina para que te respete,
dejarlo solo para que puedas tener tu propia intimidad... »);
pero se equivocan, porque en realidad padres e hijos están en
el mismo bando. A la larga, los que creen en la maldad de
los niños acaban atacando también a los padres: «No tenéis
voluntad, lo estáis malcriando, no seguís las normas, sois
débiles... »
Pues la tendencia natural de los padres es la de creer que
sus hijos son buenos, y tratarlos con cariño.”
(González, Carlos: Bésame Mucho, Editorial Temas de Hoy, 2003).

sábado, 25 de septiembre de 2010

Bienvenida!

Finalmente me he decido, llevo meses dándole vueltas, coqueteando con la idea sin animarme del todo. Supongo que siempre hace falta ese último empujón que lo ilumina todo. No hay una razón clara, ni especifica, nada pasó hoy en concreto que me hiciera decidirme, tan solo pasó, supongo que es cuestión de maduración y del silencio que hoy invade mi casa.

Y ahora que lo pienso, este momento me recuerda a las etapas de transición en mi vida, antes de Kyara, cuando por alguna razón estaba pasando un momento de aprendizajes, de cambios y tenía que salir como loca corriendo al peluquero para que me cambiara el corte y me hiciera algo totalmente distinto, porque no soportaba seguirme viendo la misma cara en el espejo cuando ya mi alma se estaba transformando; algo así siento, aunque ahora es mucho más profundo y no me alcanza con un corte de pelo. Kyara ha llegado como un torbellino cambiándolo todo, girando la vida, dándole nuevo sentido y yo no puedo seguir viéndonos vivir la misma vida cuando ya no somos los mismos, cuando ya la escala de valores cambió por completo y las busquedas van por otros derroteros. Aunque si tengo que ser totalmente parcial, es obvio que todo ha cambiado y mucho, pero siento que falta darle forma a esta cantidad de fondo.

Asi que me decido finalmente a volcar parte de este viaje, de esta aventura en este blog porque sin lugar a dudas, mi tribu, mi sostén durante estos maravillosos y transformadores 2 años y 9 meses la he encontrado en los blogs que visito. Es en sus historias, en su certezas y dudas, en sus experiencias y sueños donde he encontrado un espejo para mirarme y descubrir la fuerza de la maternidad, es allí donde he recurrido con mis dudas, con mis alegrías y mis hallazgos y he salido siempre renovada, poderosa llena de manos y brazos cálidos que han sabido sostenerme con sus palabras, iluminarme con sus vivencias; supongo que esta es mi manera de dar las gracias por su entereza y arrojo, su generosidad y pasión por la vida, por sus reflexiones y amor por sus hijos e hijas y sumarme, de una manera más activa y presente a esta comunidad de la que me siento parte aún antes de saber que existia.